CHARLI TIENE UNA PESADILLA

CHARLI TIENE UNA PESADILLA
ILUSTRACIÓN DE CHARLI Y EL COFRE DEL TESORO

domingo, 7 de diciembre de 2014

CAPÍTULO 4.- ABRIMOS EL COFRE




CAPÍTULO 4.- ABRIMOS EL COFRE


Se lo dije así, de sopetón, porque las cosas importantes hay que decirlas sin muchos titubeos. Estábamos en el patio a la hora del recreo, y Sandra llevaba un ganchito que le sujetaba un mechón de pelo y evitaba de ese modo que le cayera sobre los ojos. Era de color rosa y llevaba tres pequeñas flores. 
—¿Cómo se llama eso que llevas en el pelo? —le pregunté.
—Pasador —dijo ella casi sin mirarme. 
—¿Pasador? Yo creía que era una horquilla.
—Qué antiguo eres, Charli, las horquillas las llevan las abuelas en el moño.
—Ah, pues yo necesito una.
Sandra comenzó a reírse ruidosamente, con esa risa tonta que a veces me divierte y otras veces me cabrea.
—¿Vas a hacerte un moño? —quiso saber.
—Qué graciosita eres, al final va a tener razón mi abuelo —le dije.
—¿Cómo dices?
—Nada, cosas mías. Pues eso que necesito una horquilla.
—¿Y por qué no se la pides a tu abuela?
—Porque mi abuela no lleva moño, señora lista, mi abuela es moderna y lleva el pelo corto.
—Sí, claro, y de punta —añadió ella riéndose de su propia gracia.
—Te lo digo en serio, Sandra, necesito urgentemente una horquilla.
—¿Y se puede saber para qué?
—Sí, claro, para abrir un cofre de un tesoro.
Sandra me miró fijamente sin decir ni una palabra y yo aproveché para seguir hablando.
—Es que la cerradura del candado es muy pequeña y no consigo abrirla con nada, entonces he pensado que introduciendo una horquilla podría hacer saltar el mecanismo.
Mi amiga continuaba en el más absoluto silencio y me miraba con una atención extraña, como si mi cara se transformara por momentos en la de un desconocido. Yo seguí contándole:
—El cofre lo encontré en el desierto fantasma. Menos mal que fui listo y metí las manos en el agujero correcto porque si me hubiera equivocado, el desierto me habría tragado como a un bocadillo.
Como Sandra seguía medio hipnotizada le pregunté:
—¿Me crees?
¿Y sabéis lo que me contestó? ¿Queréis saber lo que Sandra me dijo? Pues me dijo: «Claro que te creo, Charli, si tú me lo cuentas yo me lo creo»...

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CAPÍTOL 4.- OBRIM EL COFRE

Li ho vaig dir així, de sobte, perquè les coses importants cal dir-les sense molts titubejos. Estàvem al pati a l'hora del descans, i Sandra portava un ganxet que li subjectava un floc de pèl i evitava d'esta manera que li caiguera sobre els ulls. Era de color rosa i portava tres xicotetes flors.
—Com s'anomena això que portes en el pèl? —li vaig preguntar.
—Passador —va dir ella quasi sense mirar-me.
—Passador? Jo creia que era una agulla de ganxo.
—Que antic ets, Charli, les agulles de ganxo les porten les iaies al monyo.
—Ah, doncs... jo necessite una.
Sandra va començar a riure sorollosament, amb eixa rialla panoli que a vegades em divertix i altres vegades em cabreja.
—Vas a fer-te un monyo? —va voler saber.
—Què gracioseta ets, al final tindrà raó el meu iaio —li vaig dir.
—Com dius?
—Res, coses meues. Doncs això, que necessite una agulla de ganxo.
—I per què no la demanes a la teua iaia?
—Perquè la meua iaia no porta monyo, senyora llesta, la meua iaia és moderna i porta el pèl curt.
—Sí, clar, i de punta —va afegir ella i es va riure de la seua pròpia gràcia.
—T'ho dic seriosament, Sandra, necessite urgentment una agulla de ganxo.
—I es pot saber per a què?
—Sí, clar, per a obrir un cofre d'un tresor.
Sandra em va mirar fixament sense dir ni una paraula i jo vaig aprofitar per a continuar parlant.
—És que el pany del cadenat és molt xicotet i no puc obrir-lo amb res, i he pensat que introduint una agulla de ganxo podria fer botar el mecanisme.
La meua amiga continuava en el més absolut silenci i em mirava amb una atenció estranya, com si la meua cara es transformara per moments en la d'un desconegut. Jo vaig seguir contant-li.
—El cofre el vaig trobar al desert fantasma. Encara sort que vaig ser llest i vaig ficar les mans en el clot correcte perquè si m'haguera equivocat, el desert m'hauria engolit com  un entrepà.
Com Sandra seguia mig hipnotitzada li vaig preguntar:
—Em creus?
I sabeu el que em va contestar? Voleu saber el que Sandra em va dir? Doncs em va dir: «Clar que et crec, Charli, si tu m'ho contes jo m'ho crec»...

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Este fragmento del capítulo 4, pertenece a CHARLI Y EL COFRE DEL TESORO, segunda parte de CHARLI Y LOS CINCO PELIGROS, ambas novelas disponibles en castellano y valenciano.  

A los seguidores de Charli que me habéis manifestado algunas dificultades para encontrar esta segunda parte, os informo de que ya la tenéis en CASA DEL LIBRO, establecimiento con presencia prácticamente en todo el país. No obstante, la podéis solicitar en vuestra librería habitual, o pedirla a librolibro.com, que os la remitirá a domicilio sin gastos de envío.

Y por supuesto siempre podéis solicitarla a BABIDI-BU libros, donde además os beneficiaréis de un descuento.

Y si aún no conocéis a Charli, es un excelente momento para que pidáis las dos novelas a Papá Noel o a los Reyes Magos. ¡Os divertiréis muchísimo!

Recomendadas a partir de 8 años.

4 comentarios:

  1. Efectivamente, estas fechas que se avecinan son perfectas para poder hacer llegar a vuestras casas a Charli, este aventurero intrépido que nos abre su corazón para hacernos enternecer el nuestro.

    Un abrazo.

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    1. Alicia, a punto está de cumplirse un año de la presentación de esta segunda parte, y ya tengo a muchos niños pidiéndome la tercera. Es señal de que Charli les ha llegado al corazón.

      Un abrazo.

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  2. ¡Comparto la propuesta!

    Yo he hablado con una elfina para que meta las aventuras de Charli en cierto saco mágico que viaja en trineo ;-D
    Además hay un mago que me debe un gran favor... Así que, no os cortéis y escribid vuestras cartas navideñas con tinta de calamar y mucha ilusión.

    Un abrazote.

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    1. ¡Qué bien, Esther!
      Seguro que la magia lo hará posible, hasta con tinta invisible.

      Un abrazote.

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